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Cosecha, Jeremias 8:20

La cosecha – Rainer Chinchilla

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Leí una historia de un anciano de un pueblo de Nigeria. El anciano era uno de los hombres más sabios de su pueblo y además era un próspero agricultor. Un domingo en la iglesia el hombre hizo un llamado a todas las mujeres del pueblo.

“Requiero que el miércoles estén todas las mujeres en mi casa”. Ese miércoles llegaron más de cien mujeres a su casa. El hombre les sugirió que debían caminar cinco kilómetros y medio para ayudarle a cosechar el maíz de su finca. El anciano les indicó que tomaran unas canastas que tenía preparadas para cada una, habían de diferentes tamaños. Ya de regreso al final de la recolección, algunas mujeres traían cargas muy grandes de maíz, hubo una que incluso, traía tanto que sus fuerzas no le dieron para llegar a la finca. Otras, sin embargo, tomaron canastas más pequeñas y hubo algunas que ni siquiera llegaron a la convocatoria de ese día aduciendo que tenían mucho trabajo en sus casa como para asistir. Al final de la faena, el sabio anciano las llamó a todas y les dijo que cada una podía quedarse con el maíz que había traído. Hubo mucha alegría, gritos de gozo y gratitud, pero también suspiros profundos de remordimiento. “Si tan solo hubiera sabido, habría llevado la canasta más grande”, decían algunas. Al otro día, algunas llegaron hasta la casa del anciano para rogar por una oportunidad, aun dejando todo el trabajo que decían tener en casa, pero el anciano les decía: —La oportunidad ya paso. El maíz se cosechó ayer. Por este medio bondadoso, el anciano no sólo ayudó a muchas familias necesitadas, sino que también ilustró una verdad impresionante. Amigo, hoy es el día de la oportunidad. La cosecha de almas espera ser recogida. ¿Cuán grande es la canasta que llevas?
Tu hermano en Cristo, Rainner Chinchilla.
Costa Rica